Santo Domingo Oeste. Mientras el crecimiento urbano avanza sin detenerse sobre los antiguos terrenos rurales del kilómetro 14 de la autopista Duarte, todavía existe un hombre que se resiste a dejar morir una tradición centenaria. Su nombre es Roque Santos Reyes, considerado por muchos como el último ganadero nómada de Santo Domingo Oeste.
Desde hace más de 20 años reside en Brisas de Villa Verde, donde cada amanecer inicia una jornada que parece salida de otra época. Sin poseer una sola tarea de tierra propia, Roque conduce cerca de 100 cabezas de ganado por terrenos baldíos, cañadas y antiguos caminos rurales en busca del pasto que permita alimentar a sus animales.
Lo más sorprendente es la relación que mantiene con su rebaño. Conoce a cada vaca por su nombre. Las llama una por una y ellas responden a su voz. Entre sus favoritas están Margarita y Sonia, dos animales que forman parte de una familia ganadera que Roque ha construido con décadas de esfuerzo.
Pero su trabajo está lleno de peligros. Cada recorrido representa un riesgo frente a los cuatreros, que amenazan constantemente con robar su ganado, mientras la expansión inmobiliaria reduce cada día los espacios donde antes podían pastar libremente.
La urbanización de Villa Verde y de toda la zona del kilómetro 14 ha ido desplazando poco a poco la actividad ganadera. Donde antes existían potreros hoy se levantan viviendas, calles y proyectos residenciales. El resultado es que Roque y sus vacas deben recorrer decenas de kilómetros entre arroyos y cañadas para encontrar alimento.
A pesar de preservar una actividad que forma parte de la historia agrícola del municipio, Roque siente que ha sido olvidado por las instituciones públicas. No cuenta con tierras, ni con un programa estatal que garantice la continuidad de su trabajo o la protección de su ganado.
Surge entonces una pregunta necesaria: ¿podría el Estado identificar algún terreno público para llegar a un acuerdo que permita a Roque desarrollar su actividad de manera segura y organizada? Una solución de este tipo no solo protegería su patrimonio, sino que también preservaría una de las últimas expresiones de la ganadería tradicional en Santo Domingo Oeste.
La historia de Roque Santos Reyes es mucho más que la de un ganadero. Es el reflejo del choque entre el desarrollo urbano y las actividades que durante generaciones dieron identidad al territorio.
Apoyar a Roque significa reconocer que el campo todavía importa, que la producción agropecuaria merece protección y que el progreso también debe dejar espacio para quienes, con esfuerzo y dignidad, continúan alimentando al país.
Mientras tanto, cada mañana, Roque seguirá llamando a Margarita, Sonia y al resto de sus vacas por sus nombres, emprendiendo un largo recorrido en busca del pasto que aún sobrevive entre el cemento y la ciudad.
